El ‘dos caras’ de Neiva

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La capital del Huila tiene dos caras: la de una ciudad en acelerado proceso de urbanización y la de un centro urbano con grandes problemas de exclusión social.

Por: Lester Fabian Garrido, estudian de Ciencias Políticas, USCO. 

A diferencia de la serie de Batman, donde el ‘dos caras’ es uno de los villanos más reconocidos del cómic de la ciudad Gótica, en Neiva el ‘dos caras’ no es un personaje: es una realidad territorial.

Esta realidad no es una cosa que solo suceda en la ciudad de las achiras, en efecto sucede en la mayoría de los centros urbanos del país; pero ¿en qué consiste esta vaina? en que se construyan grandes autopistas para el flujo vehicular, el desarrollo de infraestructuras debido al crecimiento empresarial, el deseo por construir edificaciones como la torre de Shangái, la consolidación de grandes condominios en donde vive la gente “importante” y todo lo que se puedan imaginar con respecto al desarrollo y la modernización de la ciudad.

Para el caso concreto tenemos el sector denominado “Neiva la nueva”, ubicada en el sur de la ciudad, en donde encontramos hermosos conjuntos residenciales, súper mercados y uno de los más prestigiosos centros comerciales del país. Por otra parte, tenemos el bello sector del oriente, donde habitan la mayoría de nuestros “honorables” dirigentes y representantes políticos, viven los grandes empresarios, altos funcionarios del sector financiero y los que no pueden faltar, los terratenientes.

Con ese panorama resultaría  fácil decir que la ciudad del San Juanero va muy bien; sin embargo,  considero que eso no es cierto, en Neiva, al igual que en Bogotá, con los famosos sectores vulnerables como los altos de Cazucá, o como en Medellín con la histórica comuna 13, también se vive en escenarios de marginalidad, exclusión, estigmatización y olvido.

Estos escenarios desconocidos, se han expuesto a los procesos permanentes de invisibilización por parte de las administraciones locales, departamentales y nacionales, a excepción de la administración municipal actual, que en articulación con algunos concejales han desarrollado  estrategias que de cierta manera le apuntan a mejorar las condiciones de vida de las personas que habitan estas territorialidades.

Planteo que el fenómeno de los asentamientos humanos informales en Colombia, tiene una relación directa con el conflicto armado interno, pues debido a la  implementación de estrategias por parte del gobierno  nacional como el  plan patriota y la seguridad democrática, se agudiza la disputa político militar durante el periodo del 2002 al 2010, aumentando de manera significativa  las cifras de desplazamiento forzado hacia las diferentes ciudades capitales del país.

De la región Surcolombiana, Neiva fue la ciudad que más recibió desplazados, pues las cifras expresan que son alrededor de 40.000 personas durante los 8 años mencionados, es decir, un poco más del 10 % de su población actual.

Gran parte de estos nuevos espacios territoriales se encuentran en la zona periférica de la ciudad, y es allí donde se desarrollan la mayoría de casos de violencia intrafamiliar, de desnutrición infantil, de deserción escolar, de embarazos a temprana edad y en especial de enfrentamientos entre la sociedad civil y la policía, debido a la militarización del sector para generar acciones de desalojo por la ocupación de predios privados y por el combate contra la configuración y fortalecimiento  del mercado de las drogas y alquiler de armas.

Pero, un momento, ¿solo se vende y se consumen sustancias psicoactivas?, ¿o sea que en estos lugares solo se ve violencia y delincuencia? Pues la cosa no es así, en estos sectores, con los más altos indicadores de necesidades básicas insatisfechas, se gestan a diario iniciativas familiares y vecinales en clave de  resiliencia,  donde no hay más que ponerle el pecho a una situación que es producto de la consolidación de una sociedad militarizada, conflictiva y egoísta, una sociedad que desconoce la realidad de quien también es una persona y en especial de quien sufrió de manera directa la experiencia de la guerra, de quien no tiene acceso a la salud, a la educación de calidad, a la alimentación, entre otras cosas.

La invitación, no es a que constituyan grupos de la élite citadina para llevar solidariamente mercados, tejas, bultos de cemento y demás, pues eso lo hacen constantemente los políticos tradicionales y la situación sigue igual. El llamado es a que reflexionemos sobre si este es el sistema social que queremos, el de las grandes autopistas, hermosos estadios de fútbol, lindos y modernos restaurantes, grandes y cada vez más ricos empresarios o por el contrario un sistema social en donde se priorice en la generación de oportunidades laborales con condiciones dignas, con formación académica incluyente y por sobre todo, un sistema social que deje atrás el ‘dos caras’  de la guerra y dirija todos sus esfuerzos hacia la consolidación de la ‘liga de la paz’.

 

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