“El Periodismo tiene que narrar los conflictos de la región”

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Durante más de tres años recorrí los campos del sur de Colombia realizando un ejercicio de comunicación comunitaria y alternativa. Me sumergí en la ruralidad de Putumayo y Caquetá. Descubrí una región maravillosa, multiétnica y multicultural, con diferentes tipos de conflictos pero también con fuertes lazos comunitarios. Sin embargo, las dinámicas cotidianas, problemáticas y fortalezas de la periferia se desconocen completamente en el interior del país.

¿Por qué no se narran los conflictos habituales de estas regiones en el periodismo tradicional? ¿Cuáles son los retos de la comunicación en el postconflicto?

GINNA TATIANA PIRAGAUTA G.

RED DE COMUNICADORES POPULARES DEL SUR

FOTOS LUIS FERNANDO GÓMEZ

 

Una biodiversidad exuberante, aguas abundantes y manos laboriosas de centenares de ciudadanos colombianos que cultivan los campos y trabajan comunitariamente para mejorar su calidad de vida y la de sus familias, se esconden en las periferias campesinas del sur del país. Recorrer la ruralidad del Caquetá y el Putumayo durante más de tres años, en un ejercicio periodístico de la Red de Comunicadores Populares del Sur, una apuesta de comunicación comunitaria y alternativa; me permitió descubrir un territorio enigmático y desconocido, en donde sus pobladores realizan una labor titánica para vivir en condiciones mínimas de dignidad.

En la prensa tradicional colombiana no se narran los conflictos que se viven a diario en las regiones más distantes del país. El campo colombiano pareciera no existir en la agenda mediática y las periferias remotas sólo son noticia cuando se registran fatalidades como la de la pasada avalancha de Mocoa, por mencionar solo un caso. El excesivo centralismo de las grandes ciudades en la información que generan los medios de comunicación, fraccionó a la nación y jerarquizó sus intereses colectivos.

Fuera de las prioridades y el reconocimiento nacional quedó la Colombia Profunda, la olvidada, la que vivió con intensidad los rigores del conflicto armado, la que surge en medio de la maleza con vergonzosos niveles de desatención estatal. Esa Colombia que sobrevive gracias al trabajo comunitario de sus habitantes, es la que hoy tiene que ser narrada en los medios de comunicación nacionales. Ese, considero, es uno de los retos del periodismo y del país en esta etapa de transición hacia la paz estable y duradera, no sólo para entender las causas del conflicto social y armado, sino para encontrar soluciones  reales que eviten su prolongación.

Radiografía

En los campos del Caquetá y el Putumayo no existen vías adecuadas para que los campesinos comercialicen sus cosechas y la única opción que tienen es organizar mingas de trabajo para mejorar las trochas que los comunican con los centros poblados. En estas olvidadas veredas del Piedemonte Amazónico el acceso al sistema de salud es inexistente. Si algún(a) labriego(a) adolece de algún padecimiento tiene que trasladarse por el río o por trochas durante muchas horas de camino, incluso días, para recibir atención de primer nivel. Los puestos de salud habilitados en las veredas no tienen suficientes medicinas, ni siquiera para la atención de enfermedades endémicas o para la picadura de serpientes. Los niveles de embarazo adolescente son sumamente altos y las campañas de salud sexual y reproductiva son muy escasas.

 

En la mayoría de los caseríos solo se ofrece Educación Básica Primaria bajo el modelo de Escuela Nueva, con múltiples carencias, sin electricidad ni acueducto, mucho menos cuentan con ayudas pedagógicas para reforzar los contenidos académicos. El calendario escolar generalmente inicia tarde, mientras se surten los trámites de nombramientos de los docentes, a los que no se les hace atractivo recorrer muchas horas en canoa o en caballo, en una recóndita vereda amazónica. Así que el tiempo de inicio de las actividades escolares tiene retrasos que oscilan entre los dos y los cuatro meses, el cual lamentablemente no es recuperado con posterioridad.

Muchos niños y jóvenes no acceden a la Educación Básica Secundaria porque les implica trasladarse hacia las cabeceras municipales, desarraigarse de su hogar a una tierna edad, en la que aún requieren de los cuidados y el amor de sus familias. Son muy pocos los jóvenes que culminan los estudios de bachillerato. La mayoría inician los trabajos del campo ante la imposibilidad de continuar con su formación académica. Y de manera casi simultánea forman hogares con adolescentes que inician su vida sexual y reproductiva a muy temprana edad. Entrar a la universidad no hace parte de los proyectos de vida de centenares de jóvenes colombianos rurales, pareciera que éste es un sueño demasiado lejano.

Ante este desolador panorama tenemos un enorme reto como país: superar las raíces del conflicto político – militar atendiendo integralmente a las comunidades campesinas que durante más de cinco décadas han vivido el rigor de la guerra y la desatención del Estado. Es inaplazable que llegue al fin al campo colombiano la educación, la salud, las vías y el apoyo eficiente a los proyectos productivos; si se quiere desescalar el conflicto y construir una ruralidad que disfrute de los derechos fundamentales garantizados en la Constitución Nacional a todos los colombianos y colombianas, sin excepción.

Al sur

A escasas dos horas de Neiva inicia la hermosa región de El Pato – Balsillas, Zona de Reserva Campesina que además de ser testigo del desarrollo y la intensidad del conflicto político militar durante los últimos 50 años, tiene una fuerte tradición agrícola y ganadera, produce con abundancia leches y quesillos, también verduras y fresas.

En este territorio la Universidad Surcolombiana realizó en 1984 uno de los trabajos de extensión y de investigación social más reconocidos a nivel nacional: La Alfabetización del Pato, bajo el liderazgo del maestro Gustavo Bríñez, coordinador  de  práctica  docente  del  Programa  de  Lingüística  y  Literatura en la época.

Más de tres décadas después en el Pato y en las veredas cercanas, ubicadas en la zona rural de San Vicente del Caguán, siguen intactas las difíciles condiciones de accesibilidad. En épocas de lluvias los mixtos de servicio público quedan totalmente enterrados en el fango. En lo que se supone es la carretera nacional que une a los departamentos de Huila y Caquetá transitar es imposible durante el invierno. Conducir una motocicleta es como esquiar en el barro.

Múltiples son las carencias en salud, en comunicaciones, en educación, en vías. Realizar una llamada en una vereda es casi un proeza, en otras es imposible. Ni la señal de telefonía celular ha llegado a estos campos colombianos. Igual escena se repite a lo largo y ancho del surcolombiano. Sin embargo, el desarrollo cultural y comunitario es digno de una representación en los medios nacionales por su importancia regional: Las fiestas del Retorno del Pato tienen su propio baile y un reinado que promueve la historia comunitaria, allí celebran con alegría un espacio de memoria colectiva y de resistencia social.

Los conflictos

Actualmente, en este territorio Caqueteño, específicamente en la vereda Miravalle, se encuentra ubicado el Punto Transitorio de Normalización ‘Oscar Mondragón’ en donde se agrupan los hombres y mujeres de la Columna Teófilo Forero del Bloque Sur de las Farc-Ep, en su tránsito hacia la paz

Desde hace años son múltiples las denuncias de ‘empadronamientos ilegales’ (registros de información personal y familiar) a las comunidades campesinas de este sector, procedimientos realizados por la Fuerza Pública que hoy en día no sólo continúan sino que se profundizan. De manera paralela, en varias ocasiones han aparecido en las paredes de casas y escuelas, letreros con mensajes amenazantes a nombre de los paramilitares. Hay asesinatos sin esclarecer, el temor y la incertidumbre de estas situaciones es persistente en las comunidades.

Una situación similar se registra en el corredor Puerto Vega – Teteyé, zona rural de Puerto Asís (Putumayo). Es una región prolífica en hidrocarburos y aguas. La exploración y explotación minero energética del sector es altísima desde hace varios años por parte de empresas nacionales y extranjeras, lo que generó una grave contaminación auditiva y medio ambiental, según estudios de la Mesa Regional de Organizaciones Sociales del Putumayo, la Baja Bota Caucana y Cofanía Jardines de Sucumbíos Nariño (Meros).

En este corredor fronterizo con el Ecuador, históricamente ha sido muy fuerte la resistencia de las organizaciones sociales a los proyectos minero-energéticos. Y lo sigue siendo. Sus pobladores se quedaron sin agua para el consumo por la intensa explotación petrolera y los ruidos derivadas de ésta, les impiden tener tranquilidad de día o de noche. Aunque se extraigan miles y miles de litros de crudo al día, las carreteras del sector se encuentran en pésimas condiciones y en el invierno son intransitables.

Una de las mayores preocupaciones de las comunidades del Corredor Teteyé es la falta de agua. Aunque al frente de sus casas se encuentran quebradas o ríos, las fuentes hídricas del sector están totalmente contaminadas por los desechos de la producción petrolera durante los últimos años, lo que impide su uso en la preparación de alimentos.

En este sector también se han registrado asesinatos de líderes sociales, de pobladores y de familiares de guerrilleros. Estos homicidios tampoco se han esclarecido, el temor es muy grande en las comunidades, quienes denuncian a baja voz la anuencia entre grupos de seguridad irregulares y algunas de las compañías petroleras que hacen presencia en la zona. Pero estas realidades no aparecen en los ejercicios periodísticos que se realizan en el país.

El agravante a esta difícil situación es que en el corredor Teteyé, en la vereda la Carmelita, se encuentra ubicada la Zona Veredal Transitoria de Normalización Heiler Mosquera, donde se encuentran agrupados los hombres y mujeres de los frentes 32, 48 y 49 del Bloque Sur de las Farc-Ep. La preocupación de las comunidades no se genera por la proximidad de la insurgencia, porque históricamente han hecho presencia en el sector y muchos son familiares de los pobladores. El temor más sentido son los avances del paramilitarismo, los asesinatos selectivos que ya se han registrado, las amenazas en los panfletos que circulan a plena luz del día, sin que hasta ahora se tomen medidas al respecto.

Los retos

Los recuerdos de la guerra, las heridas que no cicatrizan, las expectativas de futuro, los sueños y esperanzas del campesinado, se encuentran escondidos en los lugares más recónditos de nuestra geografía nacional. Es fundamental que la labor periodística, académica y estatal llegue hasta estos rincones del suelo patrio, para que se reconozcan estas realidades y colectivamente se construyan condiciones de vida digna, que nos posibiliten un proyecto de país en reconciliación y fraternidad.

Construir la región implica acompañarla, caminarla, narrarla, apoyarla en su transición. La paz es una labor que no sólo incumbe a los actores armados, también es responsabilidad de la sociedad en su conjunto, del protagonismo que se asuma en esta etapa de implementación, no es posible por ejemplo, que sigan asesinando líderes sociales en las periferias rurales y no pase nada.

Tenemos que abrazarlos y protegerlos. Se requiere que surjan sus sueños, sus esperanzas, las memorias sociales, que conozcamos al fin como nación lo que representó la guerra en estas periferias, pero sobre todo, lo que significa para estos colombianos y colombianas decirle adiós a un conflicto que siempre sintieron como suyo, porque la sangre derramada fue la de sus propios hijos. Es hora de mirar integralmente al campo colombiano.

Ver este artículo impreso  en la edición número 48 del Periódico Desde La U. (Periódico institucional de la Universidad Surcolombiana)

En esta edición podrá encontrar además: Pares académicos visitarán la Usco entre el 7 y el 9 de Junio con fines de Acreditación Institucional; Otras prácticas pedagógicas posibles en el posacuerdo; Hidroeléctrica El Quimbo: “alto riesgo de desastre por falla súbita de la presa”; Se preparan consultas populares contra proyectos extractivos en el Huila; El cómic, “lenguaje de la literatura con imágenes”.

https://issuu.com/desdelau/docs/48_finale

 

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