Opinión/ De pesimismos y esperanzas

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“Comenzamos seriamente a dudar que todo pueda pertenecerle a minúsculos grupos. Estamos descubriendo que no ha habido en estos países partidos tradicionales sino espejismos ideológicos tradicionales, trampas electorales, señuelos para atraer al pueblo y hacerlo matar en sangrientas guerras civiles y actualmente en una versión cobarde de este negocio de señores que ha dado en llamarse La Violencia”.

Tulio Bayer, explicando su “proceso revolucionario” en la “Carta abierta a un analfabeto político”.

Nada más acertado que las palabras del médico revolucionario como paliativo para curar este “sinsentido” causado por el post conflicto con la guerrilla de las FARC-EP; palabras que recordé justo esta mañana cuando escuché a una jovencita de abundantes rizos, estudiante del Jean Piaget, sobre la historia de su familia paternal y maternal en el largo conflicto colombiano; de un lado muertos en combates, ex guerrilleros amnistiados y líderes sociales exiliados y del otro ganaderos secuestrados, extorsionados o desplazados, pero hablando con firmeza sobre la importancia del proceso de paz y con la esperanza de un país mejor.

He tratado de llenarme de paciencia para explicarle a los vecinos, a los pacientes, a los amigos que justamente el país vive empantanado en la sangre de sus habitantes porque los terratenientes bipartidistas –ahora camuflados en variopintos partidos semejantes– se enfrentan en la retaguardia y hacen las paces en lujosas mesas para repartirse el botín, mientras las tropas sobrevivientes arrastran su miseria a la espera de un nuevo llamado a la guerra. A los oídos sordos de unos y al cinismo de otros, que viven de manera parásita al lado de la mesa con sus fauces abiertas para atrapar las migajas del comedor señorial, me ha seguido la desesperanza. Pero esa jovencita valiente oxigena mis ideas, a pesar de la bobería de las tendencias de izquierda y de la estolidez de las masas que aplauden al senador terrateniente, cuando en una iglesia evangélica manda a sus lugartenientes a decir que el proceso de paz hay que despedazarlo, como lo están haciendo, callados, mediante el asesinato de líderes sociales y la agudización del accionar paramilitar. Mientras el gobierno Santos no se inmuta, con un ejército que, dada la baja intensidad del conflicto, bien podría perseguir a las mal llamadas “bacrim”, los líderes de la izquierda -en todos los niveles- andan pendientes de alimentar su propio ego, mientras los medios de comunicación gradúan de oposición a la extrema derecha que, en el congreso, vota a favor todas las iniciativas del gobierno y que cierra filas a su lado cuando se tocan los privilegios compartidos. Nos falta mucho de ese talante bien temperado que hoy mostró aquella joven del Jean Piaget.

Adrián García Arias, Odontólogo Universidad Nacional de Colombia, Presidente de la Academia de Historia del Caquetá.

 

 

 

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