El Esmad lo dejó sin un ojo y el Estado lo abandonó

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Por: Camilo Muñoz, Recpsur Caquetá

Como lo denunciamos el pasado 13 de abril (http://recpsur.com/2017/04/13/joven-al-esmad-dejo-sin-ojo-derecho/), el joven Eluvin Pérez, luego de un diagnóstico médico y de exámenes pertinentes, sufrió un ataque a su integridad física, al ser víctima de un proyectil de gas lacrimógeno disparado por un miembro del Esmad, razón por la cual padeció un estallido ocular en su par derecho y, hoy día, infortunadamente, cuenta solo con la mitad de su visión, es decir que, por este actuar indiscriminado de un miembro antimotines, este huilense perdió uno de sus dos ojos.

Pero la historia no para allí. La desgracia social y familiar se ensaña contra este solitario adolescente. Sus padres lo abandonaron, no terminó la primaria, tiene déficit cognitivo, ha sufrido abusos humanos, actualmente reside en la calle, come de la basura, su madre sustituta no es responsable de él, padece esquizofrenia paranoide y, para colmo de males, ha consumido sustancias psicoactivas.

En un nuevo dictamen médico, Eluvin ya no posee Retraso en el Desarrollo Psicomotor (o retraso mental leve), sino retraso mental grave, el cual, dado a su condición, debe recibir atención profesional y tratamiento especializado, no obstante, este no se ha llevado a cabo y solo se atiende al paciente cuando está en un centro médico, pues según consta en su epicrisis, la Eps de régimen subsidiado le ha negado los fármacos que amilanan su estado de salud.

Además, este menor, que se encuentra bajo custodia del Bienestar Familiar, ha tenido ideas delirantes, prescribe el psiquiatra que lo atendió, su inteligencia impresiona por debajo del promedio, tiene introspección y prospección nula, en términos coloquiales: no tiene fundamento en su capacidad reflexiva, por lo tanto no es consciente de su propio estado y mucho menos visualiza su futuro. También, se autolesiona (se ha golpeado en su cabeza contra la pared), de acuerdo a la historia clínica, se autoagrede con puñetazos, mantiene soliloquios, alucina auditiva y visualmente, mas nadie, luego de su egreso del hospital donde fue atendido la última vez, vela por su bienestar.

De acuerdo a sus padres adoptivos, que, legalmente no lo son, y donde esporádicamente Eluvin va a buscar alimentos, él se ha cortado sus brazos, vive triste, su nostalgia es más notable que antes de perder la visión en un 50 % y, hasta dice, luego de haber perdido su ojo, “se quiere morir”. Si antes existía sin vivir, andaba por inercia y respiraba por necesidad, ahora lo hace, prácticamente, por obligación.

Eluvin, un joven que no era vándalo ni tira piedras, como lo tildaron en su momento, no es más que un puberto con una enfermedad mental al cual la fuerza represiva de la Policía Nacional le extirpó un ojo y el mismo Estado lo abandonó.

 

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