El osario del guerrillero Capera

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Después de ser un mausoleo visitado constantemente por fieles creyentes a su capacidad milagrosa, la tumba de Capera, la del guerrillero del M-19, yace solitaria en un osario, entre decenas de otros osarios. Sobresale en el pequeño cuadro la inscripción que siempre tuvo la tumba: “Bienaventurados los que sufren persecuciones por la justicia porque ellos verán a Dios”.
Por: Óscar Neira

El más conocido es Chalita, hijo del proceso de organización campesina de los años setenta, cuyo Sindicato Sindiagro fue promovido y apoyado por Monseñor Cuniberti –su mención puede comprenderse en el marco de la fama que tuvo monseñor de cercanía con los grupos guerrilleros–. Este escenario fue propicio para la llegada de ideologías revolucionarias, algunas de las cuales tuvieron eco en líderes campesinos, en despecho de otras como las propugnadas por el ELN, EPL y las FARC, que en el sur –zona de influencia histórica del M-19– no fueron lo suficientemente aceptadas, según el testimonio de Chalita a quien Gustavo Arias Londoño, alias Boris, le habló de “soluciones a la colombiana”.

De esta manera, el 11 de mayo de 1979, día de la incursión a Belén de los Andaquíes, Chalita y Boris comienzan la era rural del ‘eme’, la cual le costó mucho a este movimiento en términos de golpes militares y de vidas. Jaime Bateman entonces reorienta sus fuerzas en compañías, tres de las cuales fijaron su accionar en el Caquetá: la de Chalita, en la zona cordillerana desde San José del Fragua, la de Boris y la de Conrado Marín. Cuando Marín es amnistiado por su propia voluntad, entonces Chalita y Boris unen fuerzas para cumplir con la vieja promesa de tomarse a Florencia. Por el otro costado venía Amanda Rincón, quien para la época de la toma contaba con la experiencia suficiente para fortalecer al frente sur, pues había estado en la toma de la embajada de República Dominicana y en el incidente que ocasionó la ruptura de relaciones entre Cuba y Colombia.

Al ser el grupo más beligerante del M-19, Boris, Amanda Rincón “Renata” y Chalita, deciden tomarse la primera capital de Departamento que el ‘eme’ se tomó en su lucha: Florencia, Caquetá. El hecho ocurrió el 14 de marzo de 1984.

Hasta aquí, no aparece Jairo Capera, quien probablemente estaría firme en algún lugar de la selva.

Viernes 13 de mayo de 1983. Continúan combates entre ejército y M-19. En medio del toque de queda y la ley seca prosiguen los combates entre el ejército y guerrilleros del M-19, en el Caquetá. Hasta el momento, la lucha arroja un resultado de, al menos, 30 muertos. Las tropas de las FF.AA. colombianas están dirigidas por el comandante del ejército nacional, general Bernardo Lema Henao. La columna del movimiento “19 de Abril” (M-19), que trata de huir de la zona, está al mando del guerrillero Jairo Capera Díaz, dice El Universo.

El anterior fragmento es como el silencio que rodea a Jairo Capera: mientras todo pasaba vertiginosamente –hasta su propia muerte– él estaba casi en un segundo plano. Sin embargo, para la gente, sería como casi un santo, un bienaventurado, un perseguido.

Una imagen de su tumba

Siempre tiene flores pero permanece solitaria, tiene un pequeño altar dos osarios hacia abajo; una vela está de pie, esperando a ser encendida. Por estos días de lluvia es difícil prenderla, pero tiene rastros de que fue prendida por lo menos un día anterior. Valdría la pena seguir a los seguidores de Capera, pero son tan secretos que sólo dejan las vívidas flores. Quién sabe cuántos favores le han pedido desde que está en el osario, igualmente, quién sabe cómo fue su llegada allí, después de ser un florido lugar de peregrinación dentro del cementerio, hoy considerado “patrimonio” por obra de unas cuantas fotos.

Tan sólo un obrero de los que arregla algunas tumbas cercanas se pregunta por la tumba de Amanda Rincón, otra insignia para los agitados años ochenta del Caquetá.

La vendedora de flores dice que siempre hay alguien que compra una flor para Capera, “lo más curioso es que un cementerio donde habitualmente se pierden las flores, en el osario de Capera siempre permanecen”, precisa.

Así como el mercado ha obligado al cementerio a ser considerado hoy una reliquia, la tumba de Capera ha soportado los rigores del tiempo, por lo cual parece que nunca ha sido y tal vez no será una tumba abandonada.

La Toma del M-19 a Florencia

Al ser el grupo más beligerante del M-19, Boris, Amanda Rincón “Renata”, Chalita, deciden tomarse la primera capital de Departamento que el ‘eme’ se tomó en su lucha: Florencia, Caquetá. Como dije anteriormente, el hecho ocurrió el 14 de marzo de 1984.

La intención del libro El día que la guerrilla se metió a Florencia de Félix Artunduaga Bermeo, se detiene en el capítulo El Plan Subversivo, en el cual es perfilado el escenario sobre el cual se desarrollarán las historias de cada uno de los “florencianos que vivieron su propio drama”. Para los guerrilleros del ‘eme’, tomarse a Florencia era la mejor forma de obligar a Belisario Betancur a dialogar y de hacerle saber a sus simpatizantes del sur que estaban vivos y combatiendo.

El plan de la toma contó con la participación de 18 comandos. Los que entraron a Florencia, llegaron al Parque Santander –dos comandos–, hostigaron al Batallón Juanambú –cinco comandos–, se tomaron la cárcel –siete guerrilleros–, se tomaron las emisoras la voz de la selva, la voz del Caquetá y ondas del Orteguaza –tres comandos–, inmovilizaron a la policía –un comando–, atacaron al DAS –un comando– y un comando debía volar el puente de La Sardina sobre la Avenida Circunvalar. De esta manera el grupo guerrillero logró crear la sensación de que estaban en toda la ciudad, por lo cual, según el autor, cada habitante de Florencia tiene su propia historia para contar sobre el hecho.

En busca de Capera

Este relato seguirá en busca de Capera, uno de los guerrilleros más radicales del M-19; en los silencios de su tumba, en los periódicos de la época, en la voz de los protagonistas, en la persona que lo conozca. Un personaje que ha sido objeto de constante conmemoración, a pesar de que su tumba sea hoy un osario escondido, tiene algo que decir sobre la historia de uno de los Departamentos en donde más se hizo la guerra: el Caquetá.

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